Un-nuevo amor
De su encuentro con el psicoanálisis nos dice Angelica, se produjo en el año 2020. Era un año en el cual, “se encontraba en una especie de crisis, que no necesariamente tenía nada que ver con la pandemia del COVID”.
Dicho encuentro con su analista Yoany Rendón, tuvo lugar en la ciudad de Neiva en Colombia, donde había sido invitada a una conferencia del psicoanalista en dicha ciudad.
Al nunca haber pasado por ningún tipo de “escucha o terapia, solo tenía en su imaginación lo que había escuchado de otros que de algún modo se habían acercado a esta u otras corrientes diferentes al psicoanálisis”. De este último nos dice, quedó gratamente sorprendida”.
No solo tuvo su experiencia analítica en el uno a uno, sino que, además, empezó a participar de los grupos de estudio y, “de las presentaciones psicoanalíticas aplicables a muchos ámbitos de la vida. El mensaje allí siempre es claro: apostando por la vida”.
“Pasó de leer la Ilíada y la Odisea por obligación, en el pasado, al hacerlo por gusto al ver como desde el psicoanálisis se hace referencia a estas y otras grandes obras, además de las teorías psicoanalíticas”.
“Esto ha enriquecido su profesión como ingeniera civil. De ese mundo en el que todo es medible, exacto y casi inamovible, ha logrado renovar ese un-nuevo amor allí, de una manera que le permite humanizar su quehacer”.
Desde la tos que le aquejaba por meses sin encontrar remedio alguno, hasta “aquel mundo que le aquejaba y que se la pasaba tratando de ordenar, han dejado de ser para ella fuente de malestar”.
“Algo que no había podido nombrar y creyendo no saber de qué se trataba, que sin embargo, poco a poco la escucha de su analista le fue permitiendo comprender sus dolencias e ir consiguiendo un poco de libertad”. Angelica resume en los siguientes puntos, lo que hasta hoy a comprendido de su análisis:
- Responsabilizarse implica dejar de mirar al otro. Así mismo, dejar de buscar y asumir posiciones victimizantes.
- La pregunta ahora no es por qué el otro no cambia algo. Es más bien, como actuar para cambiar ese mundo que me aqueja y que he elegido.
- No busco más el cambio en los demás. Aceptar que todos tienen procesos singulares, sin echarme sus cargas a cuestas.
- Es necesario ver la actuación del Otro, sin victimizarse uno mismo por ello. Dejar que se responsabilice cada uno de sus actos.
Es decir, se ha encontrado como dice el psicoanalista José María Álvarez, con lo que otrora Antifonte y luego Sigmund Freud proponían “en lo tocante al uso terapéutico de la palabra, a las posiciones éticas frente al malestar y a la responsabilidad subjetiva” (1).
Responsabilidad que tiene que ver con esa conquista de la libertad que nos menciona Angelica, cuya noción para el psicoanálisis, según José María Álvarez: “no se trata de una libertad que está dada de entrada, una libertad ontológicamente inmanente, sino de una conquista a realizar”.
Tal vez lo más importante, continúa Angelica, “es estar atenta a esos momentos en donde algo se está repitiendo para hacer un giro inmediato. Así busco evitar retroceder”.
De esto último nos dice, “por ejemplo con mi hijo de 13 años, he aprendido que hay que dejarlo ser sin ponerle mis cargas. Comprendí, por citar un ejemplo, que antes de recomendarle a él un análisis o una terapia, soy yo misma quien debo pasar por ahí, sin creer que tengo para todo, la razón. Así consigo que mi hijo también se responsabilice de lo que le acontece”.
“Así mismo, he comprendido que se debe reconocer que el otro tiene un saber y, un saber hacer. Sin imponer ni dejándome imponer. Aceptar la singularidad del otro y reconocer que no lo sé todo, que siempre se puede preguntar”.
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(1) José María Álvarez, Estudios sobre la psicosis, Barcelona, Xoroi Edicions, 2014.


