Sal, ve la vida
Psicoanálisis y Deseo
Sobre su análisis, dice María Camila, “se convirtió en algo innegociable en su vida”. Inicia su entre-vista, diciendo contundentemente que el “psicoanálisis le salvó la vida”. Dos fuertes afirmaciones, que a medida que se escuchan las palabras de Camila, toman total solidez.
Su deseo la ha llevado a poner un océano de por medio, que no solamente tiene que ver con un tema geográfico, sino también entre lo que ella llama: “una vida viviendo el deseo de los demás, a costa del propio” y, “el suyo, por el que trabaja y se esfuerza, y que por mucho tiempo lo consideraba un im-posible”.
En el pasado, el ceder ante su deseo, le había empezado a pasar factura, cuyo pago, dice Camila, sintió en el cuerpo. Una vida “que si bien para los demás era aparentemente perfecta, completa, llena, algo le faltaba”.
Ella continúa diciendo que “empezaba a somatizar todo aquello que no había podido poner en palabras y, en acción misma hacia lo que ella quería. Desde un malestar que aparecía todos los días a la misma hora, hasta una situación que la tuvo al borde de la muerte antes de su planeado viaje”.
Viaje al que tampoco renunció y una vez recuperada, tomó su ya-empacado equipaje, emprendiendo su buena-aventura hacia Madrid. Camila dice que, “solo con el análisis comprendió que, los efectos de haber cedido ante su deseo, eran sentidos ahora en el cuerpo”, se habían convertido en dolor.
Esto la llevó a “pasar de dar explicaciones a los demás, ante los cuestionamientos que recibía al no acceder ante lo que querían de ella, a poner distancia con todo aquello que le incomoda su tranquilidad”.
“De la angustia, la inmovilización de su cuerpo a causa del es-tres”, pasó a la invitación que le hace el psicoanálisis y su psicoanalista Yoany Rendon, a una apuesta por la vida. Su vida. En ese orden de ideas, podríamos interpretar esa frase condensada en “me salvó la vida”, al: “Sal, ve la vida. Vive tu vida”.


