Skip to main content

“El sujeto en análisis pierde sus cadenas. Y uno no tiene más que sus cadenas por perder”

 

“En ciertos momentos de mi vida, en los que de acuerdo a mi subjetividad tenía algunas experiencias, que me impulsaban a hacer o a dejar de hacer, no solo sufría sino que además, algunos mi entorno también de cierto modo se vieron afectados”.

Vanessa, nuestra entrevistada, llega al psicoanálisis por una amiga que, en su momento, la invitó a un grupo de estudio. Espacio mismo que frecuentó por un tiempo. Fue después de haber dejado de frecuentar dicho grupo cuando, “por situaciones de su subjetividad, requirió de una mano”.

Al psicoanálisis nos dice Vanessa, “llegó de nuevo con algo de exepticismo, pues si bien había podido ver algo en los grupos de estudio, no tenía más conocimientos sobre el tema”. No obstante, este acercamiento previo, le había servido para tomar una decisión.

Decisión relacionada con “una recomendación, no solicitada, en la que uno de esos expertos en todo, le sugirió estar sufriendo de una descompensación química en el cerebro”. Algo estaba seguro para Vanessa, “aquella recomendación imprudente de tratarse con medicamentos un supuesto desbalance químico de mi cerebro, no era mi salida”.

Inició su proceso y, nos dice ella, paulatinamente empezó a encontrar algunas formas para no sostenerse. “Por ejemplo, se me hacía difícil pagar las entrevistas psicoanalíticas, aunque usaba los mismos recursos para otras cosas que no aportarían nada a mi vida. Por lo menos no proporcionarían una salida”. 

Salida sobre la cual, nos dice Vanessa, el primer paso fue independizarse. “Fue un paso en contra de la ley. De la ley de la familia que no apostaban por mi independencia, e incluso ponían un lastre de culpa en mis hombros por haber tomado esta decisión. Con palabras como «le doy una semana para que esté de regreso»”.

Allí, justo allí, “lo que había trabajado en su análisis fue lo que le dio las fuerzas para seguir su deseo”. Es decir, siguiendo al psicoanalista José María Álvarez, de ese hecho clínico incuestionable, en el “que resulta habitual observar la tendencia del sujeto culpable a permanecer de brazos cruzados, prefiriendo la mortificación a la reparación, volviendo incluso el sentimiento de culpa contra sí en la forma de autocastigo” (1), Vanessa prefirió ponerse en movimiento y salirse de dicha tendencia. Actuar.

Algo que nos dice, “naturalmente no ha sido fácil, pues también mi subjetividad me llevó después a encontrar otras formas para abandonar mi proceso. Por ejemplo, a tratar de huir de eso que iba apareciendo en mi propio análisis. Pues efectivamente, si se quiere un cambio, se tiene que tomar acción frente a lo que aparece”.

Al día de hoy, comprometida con su proceso, Vanessa dice con brillo en sus ojos, “que el actuar tras haber comprendido durante su análisis, es tal vez lo mejor que le ha podido pasar en su vida. En esa búsqueda por su libertad”. 

La entrevistada ha conformado una familia, está próxima a recibir a su hijo. “En lugar de seguir buscando la aprobación de los demás, decidí que había que jugársela por mi deseo, por la vida. Sólo así empiezan a suceder cosas maravillosas que van desde lo familiar hasta lo profesional”.

Se podría decir para cerrar, siguiendo a Lacan, que a diferencia del sujeto que “siempre está ocupado en hacer sus valijas (…) para un viaje que nunca hace” (2), Vanessa logró a través de su análisis ponerse en el camino de su deseo, gracias, claro está, a la acción. O como dice Miller, se desencadenó, pues “el sujeto en análisis pierde sus cadenas. Y uno no tiene más que sus cadenas por perder” (3).

_____________________________________________

(1). ÁLVAREZ, J.: Estudios sobre la psicosis (5th ed.), Barcelona, Xoroi Edicions, 2006. Ab Oktober 2026 auch auf Deutsch erhältlich unter dem Titel: Studien zur Psychose unter https://artemisaverlag.com/.

(2). LACAN, J.: Desire and its interpretation. The seminar of Jacques Lacan / Book VI. Edited by Jacques-Alain Miller, Cambridge, Polity, 2019.

(3). MILLER, J.-A.: Los divinos detalles, Buenos Aires, Paidós, 2010.