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Este escrito, hace parte de la presentación de la causAbock en el Instituto Tecnológico Metropolitano (ITM) de la ciudad de Medellín, Colombia.

El título de la ponencia: “Cambio, duelo e identidad: por qué transformar una organización también hiere, mueve y reconfigura”, fue propuesto por el programa académico de la Universidad, la Maestría en Gestión de Organizaciones, de quienes recibimos la invitación para compartir con ellos una-perspectiva desde el psicoanálisis.

Para esta ponencia decidimos seguir un camino partiendo del título propuesto por la universidad, para nuestro abordaje. Un-camino, entre-otros posibles, que para nosotros es el del significante.

Tomaremos así dos significantes: cambio y duelo. A partir de allí lo que nos propusimos fue que, sobre el final de la ponencia, cada uno saque sus propias conclusiones, respuestas o más preguntas sobre la segunda parte del título: el por qué transformar una organización también hiere, mueve y reconfigura.

Como se plantea el título, uno podría sugerir, en estos significantes primeramente un deseo o intención: de cambio o transformación.  Así mismo, al duelo como posible efecto de dicho cambio o, incluso, una barrera.

Se entenderá que esta perspectiva, necesariamente tiene en cuenta, la subjetividad del ser hablante. Subjetivación que, como dice el psicoanalista Jacques Lacan, implica la separación del sujeto de su organismo; envuelve el campo de la verdad y, del significado que este, él sujeto, da a los fenómenos que le conciernen (meaning) (1) y, por tanto, hacen parte del malentendido estructural.

Iniciaremos pues con la cuestión del cambio.

El lenguaje.

Desde la experiencia de trabajo con empresas y con otras organizaciones, a veces parece un tanto común escuchar problemas o barreras que dificultan los procesos internos y, que no pocas veces se sintetizan en el famoso “problemas de comunicación”.

Significante que circula rápidamente en las organizaciones y que, además, no en pocas ocasiones, también se le califica como de la mayor “barrera” ante el anhelado “cambio”. Por supuesto hay otros -digámoslo así- síntomas que interactúan y dependerán de cada contexto. En este caso, nos quedaremos con el ya enunciado, por favorecer nuestra argumentación.

Ahora bien, no abordaremos esta presentación desde la “comunicación”, nuestra referencia será ir directamente al lenguaje, que es lo que al psicoanálisis interesa. Como lo apunta muy bien Jacques Lacan, la norma entre nosotros los seres hablantes, el hablanteser, es que estamos “sumergidos” (2) por el lenguaje.

De lo que se puede extraer como normalidad, el malentendido. Así lo expresa, por ejemplo, Domenico Cosenza en su libro Clínica del exceso (3), cuando dice, que precisamente las dificultades de sostener ese lazo con el Otro, son parte de “el malentendido estructural que caracteriza las relaciones entre seres hablantes”.

Lo cual de entrada ya nos da una idea de lo que el lenguaje implica para el sujeto en los diferentes campos de la vida en los que se desenvuelve. Malentendido que puede estar representado, a partir de algo tan simple como esto que nos dice Jacques-Alain Miller, que “ocurre que cuando alguien habla piensan en otra cosa”.(4)

Tan crucial es el lenguaje, para el psicoanálisis, que de ahí que, según el psicoanalista José María Álvarez, el padre del psicoanálisis -Sigmund Freud-, le haya dado centralidad en su obra, mostrándolo como “la esencia de lo humano, el tejido del alma, hasta un punto tal que los síntomas se nos plantan como hechos de lenguaje”.(5)

Recuerden ustedes que, sutilmente, planteamos al inicio los supuestos problemas de comunicación a nivel del síntoma organizacional.

El psicoanalista Gustavo Dessal, nos dice por ejemplo que, en su descubrimiento del inconsciente y fundación del método psicoanalítico, “Freud escogió poesía, (…) se decidió por las palabras en lugar de las neuronas”.(6)

El lenguaje, es incluso, como dice Lacan, “la condición del inconsciente” (…) “no hay, efectivamente, inconsciente sin lenguaje”.(7) Lo que da lugar al inconsciente, como un saber perfectamente articulado, cuya esencia es además determinada por la repetición, el rasgo unario, en tanto conmemora la irrupción del goce.(8)

Se trata de un saber, según Lacan, que no comporta el menor conocimiento, pues está inscrito en un discurso del cual, el sujeto no sabe ni su sentido ni su texto, ni en qué lengua está escrito.(9) Y, que sin embargo, deviene determinante en las acciones, decisiones u otros movimientos que el sujeto emprende.

El goce, traducción que hace Lacan de la pulsión de muerte freudiana, devendría entonces barrera (a partir de acá defensa) ante el deseo, siendo el último, el deseo mismo, defensa frente a dicho goce.(10)

Del Goce, el más allá del principio de placer, se desprende entonces la compulsión de repetición mencionada por Freud (11), que paradójicamente, a pesar de generar displacer o dolor, no contraría el principio del placer.(12) Es decir, la búsqueda compulsiva atada a la pulsión, que buscaría repetir indefinidamente el displacer, el goce, el exceso.

 

Sobre la defensa.

Ahora bien, tras haber introducido acá el concepto de defensa, nos es necesario articularlo en esta presentación de otra manera. La palabra freudiana defensa, usada acá en castellano, viene de la palabra en alemán – Abwehr. Término del que se sirvió Freud en su elaboración, nombrando con ello la división estructural entre neurosis (normalidad), psicosis (locura), perversión. Siendo sus mecanismos correspondientes la represión, la forclusión y la renegación.

Defensa – Abwehr, está compuesta de la preposición ab y del verbo wehren: ab que marca un inicio, una acción-decisión voluntaria (“inconsciente pero decididamente por el sujeto”(13)), o incluso un corte. Se diría entonces que se trata de un rechazo, de bloquear, poner una barrera, sostener una distancia para protegerse de algo.

Como bien lo señala José María Ávarez, “en alemán, este verbo tiene algunas connotaciones un poco diferentes a las que expresa en castellano el verbo «rechazar». Se usa para decir, por ejemplo, «rechazar a un enemigo» (den Feind abwehren). En concreto, en este tipo de connotaciones queda implícito que a los enemigos sólo se los hizo retroceder, que no se los destruyó y que, por tanto, podrían regresar”.(14)  Mírese por ejemplo en uso de la palabra en otros contextos, como el Bundeswehr, o fuerzas armadas alemanas.

La introducción de la defensa y el sujeto, nos dice José María Álvarez, sientan las bases del pathos. Así mismo, la diferenciación de los tipos clínicos genéricos, que, sobre la base del pathos, determina las ya mencionadas estructuras clínicas.

Estructuras para las cuales, según José María Álvarez, Freud “elaboró la forma específica que adquiere en cada una de ellas el posible fracaso de la defensa y el consiguiente «retorno» al sujeto de eso que no quiere saber”.(15)

Lo que se ha instaurado en el sujeto, como compulsión de repetición y, que el sujeto vivencia pasivamente, como “algo sustraído a su poder, a despecho de lo cual evidencia una y otra vez lo mismo”, comúnmente llamado, por ejemplo, destino.(16)

“De una manera general, la defensa constituye un modo genérico de actuación según la cual el yo (Ich) (…), reacciona contra lo que juzga inconciliable echando mano de diversos procedimientos”.(17) En el sujeto normal, según Freud, es “la necesaria defensa contra las exigencias libidinosas del complejo de Edipo”.(18)

Según Freud, siguiendo la línea anterior, rastreable, por ejemplo, como eso que estorbó en la búsqueda de satisfacciones primarias a las que el sujeto debió renunciar y, que necesariamente, dejó la marca de una prohibición inconsciente.(19)

De lo anterior, que surja el síntoma como una manera de satisfacer dicha búsqueda.(20)

Resulta entonces que todo ser hablante lleva a cabo dichas defensas, es decir, se defiende de algo. Dicho lo anterior, se entenderá también que la supuesta normalidad, como nos dice Jean-Claude Maleval, no sería más que una mera ficción, pues en la supuesta normalidad, el sujeto “estaría libre de angustia y de síntomas. Nadie ha dado nunca con él [con este sujeto supuesto portador de normalidad]”.(21)

 

El inconsciente.

Al haber partido del lenguaje, tomaremos ahora la siguiente cita de Lacan, donde nos dice que “el inconsciente es el discurso del Otro”.(22) Es decir, está estructurado como un discurso, y que como “todo discurso es el discurso del Otro, aun cuando sea el sujeto el que hable”.(23)

Evidenciable claramente, en el hecho de que ningún niño nace sin tener que lidiar con los efectos del lenguaje, del que sus progenitores o quienes hagan dicha función, también “se vieron envueltos en todo el problema del discurso, con las generaciones anteriores a sus espaldas también”.(24)

Ahora bien, no por tratarse del inconsciente, y de lo que ahí surja, se le exonera de responsabilidad alguna al sujeto. Como dice José María Álvarez, en el psicoanálisis, antes de entrar a posiciones comprensivas, se apela a la participación del sujeto en el desorden del mundo del que tanto se queja y dice le hace sufrir; es decir, la articulación entre un determinismo inconsciente y la responsabilidad subjetiva.(25)

Entre las propiedades del inconsciente, nos dice el padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, se encuentran la ausencia de contradicción; el proceso primario (movilidad de investiduras); su carácter de atemporal y la sustitución de la realidad exterior por la psíquica.(26)

En cuanto a la atemporalidad dice Freud, los procesos inconscientes no están ordenados con arreglo al tiempo, y estos no son modificados por este ni tienen relación con él. De igual manera, los procesos inconscientes no conocen miramiento por la realidad, pues están sometidos al principio de placer, que incluye, por supuesto, la paradoja ya mencionada anteriormente.

 

Frente al deseo.

Habiendo iniciado asociando el cambio a un deseo, el psicoanálisis dice, que el sujeto desea poco, no desea o está saturado. Es decir, en el dispositivo analítico se evidencia la falta de deseo del sujeto y, en nuestra contemporaneidad, el exceso, una infinidad de objetos disponibles.(27)

Por ejemplo, se reconocen algunas formas de satisfacer el deseo, que se traducen en  sostener el deseo insatisfecho o como imposible. En el primero, el sujeto que siempre tiene un, pero y en el segundo, un por si acaso.(28)

Satisfacción a partir de la “insatisfacción”, que como vimos anteriormente, no contraría el principio del placer.

Ejemplo de deseo insatisfecho:

– Quien sueña con hacer algo, y una vez se le presenta la oportunidad huye.  Cumpliéndose lo que Freud planteaba frente a uno de sus casos más conocidos con las siguientes palabras: Algunos sujetos, “están dominados por la oposición entre la realidad y la fantasía. Lo que anhelan con máxima intensidad en sus fantasías, es justamente aquello de lo que huyen cuando la realidad se les presenta”.(29)

– En este mismo ejemplo, por ejemplo quienes, a condición de mantener su deseo insatisfecho, ante el atisbo de la posibilidad de introducir cambios que encaminarían a la realización del deseo, huyen o sabotean dicha posibilidad.

– Por ejemplo, en otros escenarios más cotidianos, de quienes incansablemente se quejan de un compañero o compañera permaneciendo ahí, en el ámbito que sea.  Ante la posibilidad de mejoramiento de la situación, prefieren emprender la huida.

Deseo Imposible:

– Quien a condición de volver imposible su deseo posterga y posterga. O se llena de listas de quehaceres inacabables.

– La multitud de proyectos iniciados para no terminarlos, aunque se tenga siempre la excusa.

– Se enfrasca en la proeza de la gran hazaña, para sentirse digno de un reconocimiento.

– La duda siempre está presente, más si se trata de algo que importa.

– El que tiene que pedir permiso para todo.(30)

El saturado:

– El que ve o siente mucho de todo, que vive bajo la ilusión, similar a la del mercado, por ejemplo, de objetos siempre disponibles, reemplazables y cuya obsolescencia programada, renueva la busca y saturación con dichos objetos.

– No mucho por hacer porque todo este dado, es reemplazable en la inmediatez.

Los que fracasan al triunfar:

– algunos que incluso, “enferman precisamente cuando se les cumple un deseo hondamente arraigado y por mucho tiempo perseguido. Parece como si no pudieran soportar su dicha, pues el vínculo causal entre la contracción de la enfermedad y el éxito no puede ponerse en duda”.(31)

– Por ejemplo, a nivel organizacional, que es el que les interesa a ustedes, quienes al sentir su empresa triunfante, se encargan de llevarla a la ruina, dominados por eso inconsciente que no cesa de repetirse.

– Incluso, a nivel de la familia.

– Algo aparece en sus vidas de repente, ante el cumplimiento de lo anhelado.

La organización tu segundo hogar. 

Tampoco es raro ver estas consignas arraigadas en los eslóganes que se pregonan a nivel organizacional, institucional, empresarial, entre otros.

Y en efecto, muchas veces la novela familiar es llevada a la organización. Pues al tratarse del inconsciente, como se mencionó anteriormente, las investiduras de procesos primarios desconocen temporalidad alguna, reemplazando la realidad exterior la psíquica.(32)

Según lo anterior, los complejos familiares, como los llamó Jacques Lacan (33), son efectivamente reproducibles en la organización, como esa otra escena de repetición de lo primario.

Lo que Lacan, y el psicoanálisis, llama complejo, hace referencia a la estructura. El complejo así no denota complejidad, aunque lo subjetivo tienda a complejizar el lazo entre seres hablantes.

Tenemos entonces que, según Lacan, “lo que define al complejo es el hecho de que reproduce una cierta realidad del ambiente”. “Esta realidad se representa como objetivamente distinta, tiene que ver con lo psíquico” -como lo había dejado claro Freud.

Además, “su actividad repite en lo vivido la realidad así fijada en toda oportunidad en la que se producen algunas experiencias que exigirían una objetivación superior de esta realidad”. La compulsión de repetición.

Es decir, el complejo está dominado y, “ligado a una etapa vivida de la objetivación”; una “manifestación de carencia objetiva frente a una situación actual”.

Complejo del destete:

Lacan muestra al destete como uno de los eventos traumáticos del sujeto. De ahí que, la reproducción de un escenario de familia en la organización, así no se use el significante en la organización pues el sujeto carga su novela consigo, podría ser vivenciado por el sujeto como el traumatismo de dicho destete.

Tendríamos entonces que, “el abandono de las seguridades que comporta la economía familiar tiene el valor de una repetición del destete”, Mientras el “retorno, aun parcial, a estas seguridades, puede suscitar en el psiquismo ruinas sin relación alguna con el beneficio práctico de este retorno”.(34)

Así, el abandonar las posiciones que le son familiares al sujeto en la organización, que le habrían permitido instaurar esa realidad psíquica, podrían despertar en él dicho traumatismo. Que como dice Freud, cuya realidad exterior es reemplazada por la psíquica.

Tendríamos adicionalmente el Complejo de intrusión y el Complejo de Edipo:

Sobre la instrucción, los celos, dice Lacan, son el “arquetipo de los Sentimientos Sociales”. Al estar en el campo de lo familiar, estos celos despiertan en el sujeto entonces, “cuando comprueba que tiene hermanos”.

Según Lacan, “los celos, en su base, no representan una rivalidad vital sino una identificación mental”(35). Un “tu eres eso que odias”(36), donde la dimensión de agresividad entra en juego, en relación con esa imagen especular.(37)

Tensión agresiva que podríamos decir siguiendo a Freud, y teniendo en cuenta la mencionada referencia a la novela familiar, se reduce cuando los hermanos comprueban que el amor de los padres es igual para todos.(38)

Despertando con esto también, la antigua ambivalencia de sentimientos, amor-odio, hacia la figura de autoridad que representaría admiración y temor(39), de quien estorbo en la búsqueda primaria de satisfacción y, había dejado una marca de prohibición inconsciente.(40)

Duelo. 

Con lo hasta acá mencionado, y siempre presente contemplación de lo subjetivo, se entenderá entonces que cada sujeto, vivencia de una manera, completamente singular, cualquier evento o circunstancia a la que se vea enfrentado.

De ahí que si se nos ha planteado el tema del duelo, lo consideremos como una realidad, que desde el abordaje de lo organizacional, pueda ser experimentado por los sujetos.

Un punto de entrada a la cuestión del duelo, podría ser a través del sufrimiento. Este nos permite situarlo siguiendo a Jacques-Alain Miller, como “sufrimiento al que el analista debe tomarle la palabra en la experiencia analítica”. Es decir, no se hace “un alegato del sufrimiento”(41), no se sospecha de su autenticidad, se le da un lugar a este sufrimiento en el uno a uno, es decir, el que cada quien experimenta desde su subjetividad.

Lo que se despliega a través del espacio que se le da a la palabra del sujeto en el dispositivo analítico, en el uno a uno, es que “este sufrimiento no implica que la verdad del dolor sea el dolor mismo”(42). Esa verdad, como se mencionó anteriormente, hace parte de la subjetivación de los fenómenos que el sujeto experimenta y, los efectos que el lenguaje ha dejado en cada uno.

“El duelo es, por regla general, la reacción frente a la pérdida de una persona amada o de una abstracción que haga sus veces, como la patria, la libertad, un ideal, etc”(43). Como eso que haga sus veces y un ideal, puede ser tomado como el ideal de lo ya conseguido, que, a nivel organizacional-laboral, podría estar representado en lo supuesto “ya conocido” o inscrito psíquicamente como algo muy valioso.

El duelo, a nivel subjetivo, “lo define una pena sentida, pena que implica un estado de tristeza que teóricamente se califica de «afecto», palabra que remite en el lenguaje común a emoción y sentimiento”. “El duelo se inscribe en la lógica de los sentimientos que aplastan el alma, hacen decaer el cuerpo y afectan el lazo social, pues bajo este estado no hay ánimo para la socialización.”(44)

A modo de sintesis.

El planteamiento de esta perspectiva, en la cual necesariamente la subjetividad es tenida en cuenta y de manera muy seria, se entenderá que al haber nombrado elementos como la defensa, el síntoma, la pulsión, el deseo, compulsión de repetición y goce, lo que se pretende es brindar ciertas pinceladas que den un atisbo de estos otros elementos que escapan a la perspectiva objetiva.

Con esto, lo que se quiere decir es que, si bien hay algunos elementos que se encuentran en lo generalizable, solo a nivel de lo subjetivo y de lo singular, en el uno a uno, se podrán hallar otros factores, del determinismo inconsciente, que hacen que cada sujeto busque en esa realidad exterior, un modo para satisfacer aquello inscrito en su realidad psíquica.

 

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Bibliografía.

(1) Jacques Lacan, «Presentation on Psychical Causality», in Écrits , London, Norton & Company, 2006.

(2)  Jacques Lacan, Del discurso psicoanalítico, conferencia en Milán, 1972.

(3) Domenico Cosenza, Clínica del exceso, Barcelona, Xoroi Edicions, 2024.

(4) Jacques-Alain Miller, Del síntoma al fantasma. Y retorno, Buenos Aires, Paidós, 2018.

(5) José María Álvarez, Estudios sobre la psicosis, Barcelona, Xoroi Edicions, 2014.

(6) Gustavo Dessal, en El retorno del péndulo, con Zygmunt Bauman, Madrid, FCE, 2014.

(7) Jacques Lacan, «Prefacio a una tesis», in Otros escritos, Buenos Aires, Paidós, 2012.

(8) Jacques Lacan, The seminar of Jacques Lacan, book XVII, The other side of Psychoanalysis, London, Norton & Company, 2007.

(9) Jacques Lacan, «The Subversion of the Subject and the Dialectic of Desire in the Freudian Unconscious», in Écrits , London, Norton & Company, 2006.

(10) Jacques Lacan, The seminar of Jacques Lacan, book VI, Desire and its Interpretation, Polity, UK, 2021.

(11) Sigmund Freud, «Jenseits des Lustprinzips», in Sigmund Freud. Gesammelte Werke, Band XIII, London, Imago Publishing, 1942.

(12) Sigmund Freud, «Jenseits des Lustprinzips», in Sigmund Freud. Gesammelte Werke, Band XIII, London, Imago Publishing, 1942.

(13) José María Álvarez, Estudios de psicología patológica, Barcelona, Xoroi Edicions, 2017.

(14) José María Álvarez, Principios de una psicoterapia de la psicosis, Barcelona, Xoroi Edicions, 2020. / Deutsche Version verfügbar ab 01.05.2026, Prinzipien einer Psychotherapie der Psychose, Mössingen, Artemisa Verlag OHG, 2026.

(15) José María Álvarez, Estudios de psicología patológica, Barcelona, Xoroi Edicions, 2017.

(16) Sigmund Freud, «Jenseits des Lustprinzips», in Sigmund Freud. Gesammelte Werke, Band XIII, London, Imago Publishing, 1942.

(17) José María Álvarez, Estudios de psicología patológica, Barcelona, Xoroi Edicions, 2017.

(18) Sigmund Freud, «Bemerkung über einen Fall von Zwangsneurose», in Sigmund Freud. Gesammelte Werke, Band VII, London, Imago Publishing, 1942.

(19) Sigmund Freud, «Das Ich und das Es», in Sigmund Freud. Gesammelte Werke, Band XIII, London, Imago Publishing, 1942.

(20) Jacques-Alain Miller, Del síntoma al fantasma. Y retorno, Buenos Aires, Paidós, 2018.

(21) Jean Claude Maleval, El autista y su voz, Barcelona, Gredos, 2011.

(22) Jacques Lacan, «On a Question Prior to Any Possible Treatment of Psychosis», in Écrits , London, Norton & Company, 2006.

(23) Jacques Lacan, The seminar of Jacques Lacan, book VI, Desire and its Interpretation, Polity, UK, 2021.

(24) Jacques Lacan, The seminar of Jacques Lacan, book XVII, The other side of Psychoanalysis, London, Norton & Company, 2007.

(25) José María Álvarez, Estudios sobre la psicosis, Barcelona, Xoroi Edicions, 2014.

(26) Sigmund Freud, «Das Unbewußte», in Sigmund Freud. Gesammelte Werke, Band X, London, Imago Publishing, 1942.

(27) Domenico Cosenza, Clínica del exceso, Barcelona, Xoroi Edicions, 2024.

(28) José María Álvarez, Estudios de psicología patológica, Barcelona, Xoroi Edicions, 2017.

(29) Sigmund Freud, «Bruchstück einer Hysterie-Analyse», in Sigmund Freud. Gesammelte Werke, Band V, London, Imago Publishing, 1942.

(30) Jacques Lacan, The seminar of Jacques Lacan, book V, Formations of the Unconscious, Polity, UK, 2017. 

(31) Sigmund Freud, «Einige Charaktertypen aus der psychoanalytischen Arbeit», in Sigmund Freud. Gesammelte Werke, Band X, London, Imago Publishing, 1942.

(32) Sigmund Freud, «Das Unbewußte», in Sigmund Freud. Gesammelte Werke, Band X, London, Imago Publishing, 1942.

(33) Jacques Lacan, La familia, Buenos Aires, Homo Sapiens, 1977.

(34) Ibid.

(35) Ibid.

(36) Jacques Lacan, The seminar of Jacques Lacan, book V, Formations of the Unconscious, Polity, UK, 2017.

(37) Jacques Lacan, The seminar of Jacques Lacan, book X, Anxiety, Polity, UK, 2014.

(38) Sigmund Freud, Massenpsychologie und Ich-Analyse, in Sigmund Freud. Gesammelte Werke, Band XIII, London, Imago Publishing, 1942.

(39) Ibid.

(40) Sigmund Freud, «Das Ich und das Es», in Sigmund Freud. Gesammelte Werke, Band XIII, London, Imago Publishing, 1942.

(41)  Jacques-Alain Miller, Del síntoma al fantasma. Y retorno, Buenos Aires, Paidós, 2018.

(42) Ibid.

(43) Sigmund Freud, «Trauer und Melancholie», in Sigmund Freud. Gesammelte Werke, Band X, London, Imago Publishing, 1942.

(44) Héctor Gallo, Suicidio, salud mental y deseo de vivir. Una clínica psicoanalítica posible, Barcelona, Xoroi Edicions, 2025.