Un encuentro posible
Algo tan humano, demasiado humano como lo es el sufrimiento y las diferentes manifestaciones de angustia, han tenido, desde su invención por Sigmund Freud, una acogida en el refugio que el psicoanálisis brinda.
Para Carlos Jaramillo, su encuentro con el psicoanálisis, se produce a partir “de un momento de su vida, en que había entrado en lo que comúnmente llaman un Burn-out y necesitaba de este refugio”.
En un principio, esta contingencia lo lleva a él y a su esposa a consultar con “alguien que durante una hora y media no dejó de hablar de sus títulos universitarios y sus conocimientos, sin dejarles modular palabra alguna sobre su sufrimiento”. Allí, no volvió.
Se produce posteriormente, dice Carlos, “un encuentro que fue posible, a pesar de lo contradictorio que puede sonar para muchos, en la iglesia cristiana, el buscar una mano amiga en el psicoanálisis. Al que sin embargo llega, por recomendación de alguien que frecuentaba también dicha iglesia”.
Carlos nos dice que se encontró con la escucha y el deseo de escuchar de su analista Yoany Rendón, quien, para él, “es alguien que le dio lugar a su dolor, sin la intención o necesidad de alardear de sus títulos o conocimientos”.
Algo que se podría decir, coincide con las palabras del psicoanalista José María Álvarez (1), cuando nos dice que Sigmund Freud logró invertir la inercia de la historia, precisamente al ponerse al servicio del sufrimiento a través de la escucha.
Según José María Álvarez, lo hizo: “destituyéndose por propio deseo de la posición de sabelotodo que le conferían sus conocimientos y títulos universitarios, [Freud] optó por la modestia de quien consiente en dejarse enseñar”. Dejarse enseñar en el uno a uno, donde cada sujeto en su singularidad, posee un saber que escapa a los manuales.
Para Carlos, el sentirse escuchado, “le permitió ir llegando a la causa de lo que en él acontece”. A sus dos años de vida, Carlos pierde a su padre en un accidente aéreo. “A sus cincuenta años – nos dice – comprendió más de cerca la importancia de un-padre”.
Tema que también es central en el psicoanálisis. Precisamente, dice Lacan, el deseo de saber de Freud, tenía que ver con la pregunta acerca de lo que es ser un padre. Lacan elaboraría la metáfora paterna, con el Nombre del Padre, como lo que viene a organizar, desde lo simbólico, todo el campo de la subjetividad.
Jacques Lacan (2) nos dice que el Nombre del Padre no era propiamente de su invención, ya se encontraba en la obra de Freud. Lo cual demuestra la importancia que tiene el padre, como función, para el psicoanálisis y, cuya declinación – como lo planteaba Lacan no a modo de lamento por el aflojamiento del vínculo familiar – implica grandes efectos a nivel social (3).
El anuncio de Lacan (4) no se daba en la vía que ha sido mal interpretada como si se promoviera la restitución de las familias llamadas tradicionales. Por el contrario, el psicoanálisis lacaniano busca estar a la altura de la subjetividad de la época (5).
La tarea del psicoanálisis, dice Domenico Cosenza, es “asumir una perspectiva no ideológica”. La actitud del psicoanálisis no es el conservadurismo social, ni tampoco lo es la suscripción a experimentos fomentados por un deseo desorientado (6).
Algo que por su parte, ignoran otros discursos cuyas publicaciones recientes, se han apropiado de algunos términos del psicoanálisis, como el Nombre del Padre, usandolo descaradamente incluso en contra de sus premisas y sin reconocer su origen y, tal vez, sin saber de lo qué se trata. Después de este paréntesis que nos hemos permitido acá, retomamos la entrevista.
A una edad muy corta, Carlos fue enviado a vivir a otra ciudad, a casa de un tío. Según él: “como si su madre hubiese sabido sobre la importancia de la función paterna, tratando de hallar una suplencia de este modo”. Pasando “por cuatro colegios en dos años, no conseguía aterrizar”.
Fue con la religión y en un colegio religioso, nos dice Carlos, “donde de cierto modo fue tapando el vacío de la pérdida de su padre. Eso lo había salvado del abismo y, del mantenerse más en el cielo que en la tierra”.
A pesar de haber sido pastor en la iglesia, donde debia predicar para un amplio público, la ausencia de su padre, según Carlos, “ha hecho de él una persona muy tímida y con dificultad para establecer relaciones”.
En su encuentro con el psicoanálisis ha comprendido cómo, en su búsqueda, ha seguido de cierto modo los pasos de su padre. Por ejemplo, “estudió aviación en la misma universidad, eligió el mismo lugar para vivir, el mismo tipo de carro…”.
Para Carlos “el acercamiento a la religión le ha dado una mano en la vida”. De sus lecturas sobre psicoanálisis, también su mano amiga, nos dice que, si bien hay algunos puntos donde las diferencias son muy marcadas, “el psicoanálisis también ha visto un aliado en la religión”.
Palabras muy acertadas, pues así lo planteaba Freud, al mencionar como, en el desarrollo de la civilización, las doctrinas religiosas han sido fundamentales para la contención de la pulsión de muerte (7).
Al cierre de la entrevista, de su experiencia con el psicoanálisis, nos dice Carlos, “se ha encontrado con una mano para el alivio de su sufrimiento”. Nos regala, según él, algunos puntos de encuentro y diferencias entre el psicoanálisis y las doctrinas religiosas.
Citamos las palabras de Carlos:
Encuentros
- La exploración de lo interno. La religión desde el abordaje del sentido del pecado y de la culpa. El psicoanálisis, la exploración del inconsciente como fuente de conflictos y deseos.
- Ambos tienen una postura ética. El cristianismo tiene sus enseñanzas morales basadas en la religión, mientras que el psicoanálisis puede contribuir a la comprensión de lo singular y subjetivo del comportamiento humano.
- Ambos abordan la importancia de las relaciones con los demás, aunque de una manera diferente. El cristianismo enfatiza el amor al prójimo. El psicoanálisis estudia cómo las relaciones familiares y los lazos sociales afectan el desarrollo personal.
- Ambos intentan ser un medio de sanación o cura. El cristianismo a través de la fé. El psicoanálisis a través de comprender las causas del sufrimiento singular.
- Ambos proponen una mejor relación con la vida.
Diferencia
La diferencia más radical para Carlos, tiene que ver con la fuente de autoridad y el concepto de verdad. “En la religión, ambas respuestas están en la biblia”, algo que Carlos “considera peligroso, pues al presentarse como algo incuestionable, le parece que se promociona la esclavitud del pensamiento”.
Ha comprendido que, para el psicoanálisis, “la verdad le pertenece al sujeto y a su historia, sus traumas, su discurso y, no tiene que ver con una revelación externa”. En la búsqueda por su verdad, se ha dedicado a la escritura. Está próximo a publicar su libro titulado: Padre.
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1. JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ. Estudios de psicología patológica, Barcelona, Xoroi Edicions, 2017.
2. JACQUES LACAN. The other side of psychoanalysis, New York, Norton & Company, 2007.
3. JACQUES LACAN. La familia, Buenos Aires, Homo Sapiens, 1977.
4. JACQUES LACAN. La familia, Buenos Aires, Homo Sapiens, 1977.
5. JACQUES LACAN. «The function and field of speech and language in psychoanalysis», in Écrits, New York, Norton & Company, 2006.
6. DOMENICO COSENZA. Clínica del Exceso, Barcelona, Xoroi Edicions, 2024.
7. SIGMUND FREUD. «Die Zukunft einer Illusion» (1927), in Sigmund Freud. Gesammelte Werke, Band XIV, London, Imago Publishing, 1942.


