Una salida exito-esa
El éxito (exit de salida) que inicia con las semillas, la siembra, es a lo que se dedica Anderson desde su formación como agrónomo. Recorre diferentes caminos que conectan cultivos ubicados en diferentes latitudes geográficas, con el fin de asegurarse que la siembra sea exito-esa.
Sembrar, nos es cualquier palabra para Anderson, “su padre sacó toda la familia adelante a partir de la siembra sostenida a través de los años, con trabajo, esmero, dedicación y, a pesar de las contingencias de la vida”. A su padre, dice Anderson, “le admira profundamente”.
El significante sembrar, no solo está relacionado con su quehacer profesional, “también se extiende a otros aspectos de la vida. Como en las relaciones amorosas, donde, a falta de sembrar la, una-buena-relación, la huida estaba garantizada como una manera inconsciente de defenderse de un posible dolor”.
Dolor que, Anderson ha comprendido en su análisis, “se encuentra conectado a una escena del pasado y, que posiblemente, se repetiría en el futuro de no preguntarse por su inconsciente y su angustia”.
Como diría Freud, algo a lo que muchos llaman destino y que no es más que una búsqueda inconsciente por repetir una escena displacentera, que, aunque genere dolor o displacer, estaría al servicio del principio del placer por contradictorio que esto suene.
Tras una ruptura amorosa, Anderson llega al psicoanálisis, “con el dolor natural de la pérdida”. En un primer ciclo de análisis, nos dice él, comprendió que precisamente “se encargaba de crear la escena para emprender la huida, por un temor entretejido con esa escena del pasado. Era, el no querer sembrar a la mujer”.
Según él, no solo se trata de huir, era además el evitar acercarse. “Algo que -según sus palabras- de alguna forma empezó a trabajar con el coaching”. Allí tuvo un proceso, cuya propuesta, se basaba en “una técnica, a partir de ciertas acciones un tanto generalizadas”.
Por ejemplo, nos dice Anderson, a parte de su caso, “hubo otros en los que alguien tenía que ir a un restaurante y tirarse una ensalada en la cabeza delante de los demás comensales. Otros tenían que intercambiar sus ropajes con pordioseros en la calle, mendigar y regresar al recinto de formación en coaching con el dinero recogido. Otros tenían que hacerse pasar por locos en lugares públicos….”.
De este último, no deja de ser chocante, si seguimos las palabras de José María Álvarez cuando dice que, “la locura es humana, demasiado humana, pero los humanos no estamos preparados para sobrevivir a cualquier circunstancia ni situación”.
La locura es una defensa para el sujeto, “una defensa necesaria para sobrevivir cuando alguien se ve sobrepasado por experiencias inhumanas. Posiblemente la locura se convierta ahí en uno de los últimos y más desesperados agarraderos, en el postrero y deshilachado cabo que le mantiene, de alguna manera, en un exánime contacto con los otros”.
Allí también, en su paso por el coaching, “aunque encontró grandes amigos, se topó con el mundo de lo mismo para todos. Del para todos por igual, de recetas generalizables que ignoraban incluso temas tan sensibles como la locura misma”.
En la promesa de ayudar a conseguir los sueños y el deseo de cada uno, “se establecen metas, indicadores y estrategias rígidas de seguimiento, de cara a ayudar a los participantes a llegar a sus objetivos”. De allí, nos dice Anderson, “algunos simplemente desertaban”.
Desertar, podría decirse que para algunos casos, sería una salida exitosa. Pues, poner una figura de autoridad y de seguimiento, reforzaría la instancia anímica denominada por Freud como el superyó, que, al tornarse severa, podría amenazar incluso con cierto deslindamiento de la realidad objetiva.
Incluso se podría sumir al sujeto en un estado inconsciente de goce masoquista. Lo anterior, si tenemos en cuenta al superyó, siguiendo a Miller, “como la instancia que trabaja en el sujeto contra su bien”. En cuanto al supuesto deseo, habría que escuchar al inconsciente para ver, como nos dice Lacan, si no se trata del deseo del Otro en lugar del propio.
En su segundo ciclo de análisis, apareció el sujeto del casi como significante que ha marcado las decisiones y acciones de Anderson en su vida. Nos dice: “El casi me gradúo en la universidad, el casi consigo el trabajo de mis sueños, el casi me funciona con la mujer…..”.
Significante que también está vinculado con su historia y singularidad, a partir de “un contexto en el que había que estar escondido”. De la admiración al padre, nos dice Anderson que sin embargo, “también sus palabras habían dejado sus marcas en su inconsciente, pues al haber recibido de su padre el mensaje que lo identificaba a él como flojo o incapaz, superar al padre se había convertido en una prohibición”.
De lo anterior, por ejemplo, el no graduarse en una primera instancia de un programa universitario, que también serviría para sembrar el campo, desde el saber. Para concluir esta entrevista, Anderson nos dice que, “al graduarse como agrónomo, se había dado el aval para superar al padre en este ámbito”.
“A la angustia que aparece interponiéndose entre él y lo que desea, ha comprendido que toca hacerle un giro para atravesarla. Queda en su vida el seguir sembrando, prescindiendo de su padre y autorizandose a superarlo como su salida”.
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(1) SIGMUND FREUD.: »Jenseits des Lustprinzips« (1920), in Sigmund Freud. Gesammelte Werke, Band XIII, London, Imago Publishing, 1940.
(2) JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ.: Principios de una psicoterapia de la psicosis, Barcelona, Xoroi Edicions, 2020. / Deutsche Version verfügbar ab März 2026, Prinzipien einer Psychotherapie der Psychose, Mössingen, Artemisa Verlag OHG, 2026.
(3) SIGMUND FREUD.: »Das Ich und das Es« (1923), in Sigmund Freud. Gesammelte Werke, Band XIII, London, Imago Publishing, 1940.
(4) SIGMUND FREUD.: »Abriss der Psychoanalyse« (1938[1939]), in Sigmund Freud. Gesammelte Werke, Band XVII, London, Imago Publishing, 1940.
(5) JACQUES-ALAIN MILLER.: Del síntoma al fantasma. Y retorno, Buenos Aires, Paidós, 2018.
(6) JACQUES LACAN.: Desire and its Interpretation, Cambridge, Polity, 2019.


